Qué es y cuáles son los síntomas de la acromegalia

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La acromegalia es una enfermedad rara y crónica causada por una secreción excesiva de la hormona del crecimiento o GH. Esta hormona es secretada por la glándula pituitaria.

Aproximadamente en el 95% de los casos, este exceso de la hormona del crecimiento se relaciona con el desarrollo de un tumor benigno de la glándula secretora.

El término acromegalia se utiliza cuando la enfermedad se inicia en la edad adulta. En el caso de que la enfermedad aparezca en la niñez, se denominará gigantismo.

Se trata de una enfermedad subdiagnosticada. Se estima una prevalencia de 40 casos/1.000.000 y una incidencia de unos 4 o 5 casos/1.000 de habitantes por año.

La acromegalia se desarrolla, como hemos visto, cuando se produce demasiada GH. En las personas adultas, un tumor en la glándula pituitaria es la causa más común del exceso de esta hormona. Veamos dos tipos:

  • Tumores pituitarios: la mayoría de los casos de acromegalia son causados por un tumor benigno no canceroso o adenoma de la glándula pituitaria. Estos tumores ejercen presión sobre los tejidos cercanos a medida que crecen y causan algunos de los síntomas de la acromegalia.
  • Tumores no pituitarios: en algunas personas, la acromegalia es causada por tumores benignos o cancerígenos en otras partes del cuerpo como los pulmones, el páncreas o las glándulas suprarrenales.

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Síntomas:

Uno de los signos más frecuentes de la acromegalia es el agrandamiento de las manos y de los pies. También pueden sufrir cambios graduales en la forma del rostro, como la protrusión del maxilar inferior y las cejas, el agrandamiento de la nariz o el engrosamiento de los labios.

Debido a que la acromegalia suele avanzar gradualmente, es posible que los signos tempranos no sean evidentes hasta después de varios años. Estas personas a veces advierten la afección al comparar fotos antiguas con las actuales.

Además de estos síntomas, los pacientes pueden sufrir:

  • Piel engrosada y grasa.
  • Sudoración y olor corporal excesivos.
  • Fatiga y debilidad muscular.
  • Visión alterada.
  • Ronquidos intensos debido a la obstrucción de las vías respiratorias.
  • Disfunción eréctil.
  • Irregularidades en el ciclo menstrual en las mujeres.
  • Otros.

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El tratamiento más generalizado es la cirugía. Con esta técnica se trata de extirpar el tumor hipofisario. Los resultados de este tratamiento suelen ser positivos.

Cuando el tumor es demasiado grande, no se pude extirpar por completo. Como consecuencia a esta situación, la enfermedad se hace incurable. Ante esta situación, los profesionales pueden recurrir a la radiación y a la administración de fármacos.

La terapia farmacológica de elección son los análogos de somatostatina, que es la hormona inhibidora de la liberación de la GH. En la actualidad, disponemos de fármacos con diferentes mecanismos de acción que permiten, por separado o en combinación, controlar la enfermedad.

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